1. LAS MUERTES DE SALVADOR ALLENDE

 

                                   



   El 11 de septiembre de 1973 se produjo la muerte del presidente de la república Salvador Allende Gossens. El ejército comandado por Augusto Pinochet acababa de dar un golpe de Estado y el jefe de Gobierno estaba muerto. El general Palacios al mando de las tropas de asalto comunica: ¨Misión cumplida. Moneda tomada. Presidente muerto.¨

                 

    Los acontecimientos de ese día se sucedieron vertiginosamente. A las 07:30 horas el presidente Salvador Allende ingresó al palacio de gobierno. Sobre las 08:15 comenzó el cerco militar y el asalto terrestre al Palacio de la Moneda. A esa hora, las tanquetas de carabineros que inicialmente custodiaban el recinto comenzaron a retirarse. Sobre las 10:00 horas tropas de infantería con piezas de artillería y los tanques del ejército rodean la sede de gobierno abren fuego contra la estructura y a las 12:00 horas ante la negativa de rendición, se inicia el bombardeo aéreo que causo importante daños así como una gran humareda interior por el incendio causado. 

                       

    Sobre las 14:00 horas y en el momento que comienza el asalto dirigido por el general Palacios, Allende viendo que no tenía ni efectivos ni recursos suficientes para defenderse, ordena a sus colaboradores y escolta personal (GAP) deponer las armas y abandonar el Palacio para lo que comienzan a descender en fila desde la segunda planta, encontrándose en las escaleras con los militares que habían ingresado por la puerta de la calle Morandé 80 produciéndose algunos disparos y momentos de confusión agravados por la intensa humareda y el empleo de gases lacrimógenos. Al salir a la calle fueron inmediatamente obligados a tenderse en el suelo boca a bajo por las tropas del Ejército.         


    Allende parece que retrocede sobre sus pasos y se introduce en el Salón Independencia de la segunda planta. Cuando sobre las 14:30 horas el general Palacios alcanza esas dependencias, se encuentra el cuerpo inerte de Allende sobre un diván de color granate con la cabeza y el tronco levemente inclinados hacia el lado derecho. Entre sus piernas se encontraba un fusil AK-47, regalo de Fidel Castro con el seguro en automático en modo ráfaga. Un casco militar de acero aprisionado bajo su codo izquierdo, una máscara antigás a su lado y las gafas en el suelo. Todo apuntaba a que sentado se había colocado el cañón del arma bajo la barbilla y había apretado el gatillo. 

                                                          

   Después de sofocar el incendio en esa zona por los bomberos y cerca de las 16:30 horas pudieron acceder los peritos del Laboratorio de Criminalística de la Policía de Investigaciones (PDI), liderado por Leonel Liberona Tobar  y expertos balísticos, así como peritos de las tres armas del ejército. Tomaron fotografías, recogieron los casquillos, examinaron el fúsil AK-47 y lo colocaron longitudinalmente sobre el cuerpo de Allende, realizando una descripción inicial de la trayectoria del proyectil y detallaron los daños craneales masivos.      


    Alrededor de las 17:30 horas, el cadáver de Allende  fue sacado de la Moneda envuelto y utilizando como camilla una manta o poncho militar (a menudo descrito como manta boliviana). En este improvisado lecho, el cuerpo fue sacado por la puerta de Morandé 80 y transportado en una ambulancia hasta el Hospital Militar, 
donde dos médicos forenses determinaron que la muerte había sido provocada por ¨un disparo de corta distancia  y que pudo ser hecho por la propia persona¨. Las conclusiones de la autopsia se conservaron por 27 años como un ¨Secreto de Estado¨.

        

   Desde el mismo momento de su muerte se han producido interesantes debates con diferentes versiones de sus últimos momentos. La actitud de la dictadura de Augusto Pinochet del ocultamiento del cadáver de Allende que fue enterrado de forma secreta el 12 de septiembre  en Viña del Mar sin que su familia pudiera ver el rostro ni el cuerpo hizo que la opinión pública internacional asumiera automáticamente que los militares ocultaban su asesinato.

    Esta tesis de que Allende había sido abatido por los militares se construyó en las horas posteriores al golpe por los aparatos de inteligencia cubanos. El relato de la muerte de Allende fue construido a sabiendas de que era falso. Rápidamente esta versión de que Allende había muerto combatiendo en el Palacio de la Moneda fue difundida por Fidel Castro en sendos discursos efectuados en La Habana en septiembre de 1973 y asumida desde la Unidad Popular.        

    Esta versión permitía elevar a Allende a la categoría de héroe revolucionado, rechazando la idea del suicidio, que en la cultura marxista de la época podía ser interpretado como una debilidad o rendición a unos principios y encajaba perfectamente con la mística de la resistencia armada latinoamericana  de los años 70. El hecho de que lo hiciera con el fúsil AK-47 que le había regalado Fidel y que llevaba una pequeña placa dorada grabada con la dedicatoria: ¨A Salvador Allende, de su compañero de armas, Fidel Castro¨ ayudaba a reforzar la imagen icónica. 

                   

   El periodista y escritor colombiano Gabriel García Márquez jugó un papel fundamental en la difusión internacional de la versión de combate, convirtiéndose en el principal amplificador cultural y mediático de la tesis de que Salvador Allende fue asesinado por los militares golpistas. Posteriormente ajustó su versión según aparecían las primeras dudas y aseguró que el general Javier Palacios lo remató y que luego la dictadura ¨arregló¨ la escena para simular un suicidio. 

 

    Esta versión mítica se mantuvo durante bastante tiempo pese a los testimonios en contrario de varios de los médicos, como Patricio Guijón Klein que acompañaba ese día a Allende, y cuyas versiones se fueron conociendo posteriormente y que  afirmó haber sido testigo directo del suicidio de Allende. Aunque la izquierda internacional lo tildó inicialmente de ¨traidor¨ y de haberlo hecho bajo tortura, pero su consistencia comenzó a sembrar las primeras dudas. También ayudó a estas dudas el cambio de versión de la viuda Hortensia Bussi, quien en un primer momento desde México declaró que su esposo se había suicidado, aunque inmediatamente después paso a alinearse con la tesis cubana. 

    En los años 90 con el fin de la dictadura y bajo la presidencia de Patricio Aylwin, los restos de Allende fueron exhumados  de su tumba secreta en Viña del Mar y trasladados al Cementerio General de Santiago para una nueva autopsia. La Comisión de Verdad y Reconciliación (informe Rettig) basándose en las pruebas recabadas en 1973, validó oficialmente el suicidio como causa de su muerte antes de que las fuerzas militares penetraran en  el salón donde se encontraba Allende. Finalmente se le hizo un funeral de Estado y sus restos enterrados en el Cementerio General de Santiago.

    Para una parte importante de la izquierda chilena y organizaciones internacionales de derechos humanos, aceptar el suicidio plasmado en este informe significaba una derrota moral, se prefería la tesis del ¨asesinato en combate¨ perpetrado por las tropas golpistas comandadas por el general Palacios. 

     En el 2008 el prestigioso forense chileno Luis Ravanal  publicó un estudio científico en el que señalaba algunas incoherencias en la autopsia de 1973 y dejaba abierta la posibilidad de que Allende hubiera sido asesinado por los militares o asistido en un suicidio fallido. En su trabajo, aseguraba que no sufrió un único disparo, sino dos. Dos detonaciones de dos armas distintas. O lo que es lo mismo más de una persona implicada. Según esta versión, primero se produjo un disparo en la cuenca orbital con un arma de bajo calibre no encontrada. De esta forma quedaba justificado el orificio irregular redondeado en la parte posterior de la cabeza descrito en la primera autopsia. Luego se produjo el disparo del fusil en modo automático y que hizo estallar la bóveda craneal, lo que se dio en denominar ¨suicidio asistido¨. 

                              

    El cierre definitivo se produjo en 2011 cuando el juez Mario Carroza constituyó un Comité de Expertos Internacionales y ordenó una nueva exhumación para análisis forenses y balísticos avanzados, aplicando técnicas de tomografías computarizadas.  

   Mediante tecnología digital y reconstrucción ósea tridimensional, se comprobó que los fragmentos del cráneo presentaban un solo orificio de entrada y un solo orificio de salida. El daño masivo se debió exclusivamente a la enorme energía cinética del fusil militar. Los peritos internacionales confirmaron que el disparo fue realizado con el arma prácticamente apoyada en la mandíbula (zona submentoniana). El proyectil siguió una trayectoria directa de abajo hacia arriba y adelante hacia atrás. Las fracturas radiales concordaban perfectamente con la deformación provocada por un cartucho de alta velocidad disparado a ráfaga (dos balas consecutivas pero del mismo fusil en una milésima de segundo). La naturaleza de las heridas físicas corresponderían de manera estricta y matemática a un suicidio autoinfligido descartando la intervención de terceros. 

                           

    Tras recibir las conclusiones del equipo internacional, el juez de la causa (Mario Carroza) ratificó oficialmente la tesis del suicidio en base a certezas de la ciencia médica moderna, descartando las interpretaciones de documentos antiguos hechas por Ravanal. 

   La Corte Suprema de Chile en enero de 2014 cerró definitivamente el caso bajo esta misma línea técnica y jurídica confirmando el sobreseimiento total y definitivo de la causa. El fallo señala que no existen antecedentes en el proceso que permitan determinar que exista la intervención de terceros en la muerte del jefe de Estado. Además, se detalla que no hay antecedentes de participación de algún miembro del Grupo de Amigos Personales del Presidente (GAP) u otro colaborador en la acción que le privara de la vida, y que no cabe concluir la posibilidad de haberse disparado otra arma que no fuera la que se encontró en poder del presidente Allende, ni tampoco se manifiesta y explica la acción de terceros para ultimarlo. 









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